
| Autor: . | Fuente: Corazones.org Nuestra Señora del Carmen | |||
| Advocación Mariana, 16 de julio | |||
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Señor Jesucristo, Hijo del Padre, manda ahora tu Espíritu sobre la tierra. Haz que el Espíritu Santo habite en el corazón de todos los pueblos, para que sean preservados de la corrupción, de las calamidades y de la guerra. Que la SEÑORA DE TODOS LOS PUEBLOS, LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA, sea nuestra Abogada. Amén. Medianera, Abogada, y Corredentora, Madre y Señora de todos los Pueblos.

| Autor: . | Fuente: Corazones.org Nuestra Señora del Carmen | |||
| Advocación Mariana, 16 de julio | |||
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Finalizamos con un ¡GLORIA PATRI… (Gloria Al Padre Y Al Hijo Y Al Espíritu Santo Como Era En Un Principio Ahora Y Siempre Por Los Siglos De Los Siglos Amen.)

La siguiente Jaculatoria fue indulgenciada por San Pío X, y la recomendó rezar junto con esta devoción:
¡Oh María, por tu Inmaculada Concepción, purifica mi cuerpo y santifica mi alma!


San Juan Eudes, hacia el 1643, comenzó a celebrar la fiesta litúrgica del Inmaculado Corazón de María en sus dos congregaciones, los eudistas, y las hermanas del Buen Pastor. En el 1668 se propagó por Francia. En el 1944 Pío XII extendió la fiesta a toda la Iglesia, como perenne recuerdo de la consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María, hecha en el 1942. María custodiaba en su corazón las palabras y los misterios de salvación realizados en su Hijo. Así María, morada privilegiada del Espíritu Santo, se hizo imagen y modelo de la Iglesia, que escucha y testimonia el mensaje salvador del Evangelio. San Juan Eudes, en sus escritos y discursos, promocionó a la vez ambas fiestas del Corazón de Jesús y de María, subrayando la unión profunda de la madre con el Hijo de Dios hecho carne, cuyo corazón latió durante nueve meses al ritmo del corazón de su Madre. La reflexión sobre los misterios que vivía, ayudaba a María a descubrir la voluntad de Dios en la oración y el silencio. Ella nos enseña a reflexionar y orar sobre los acontecimientos de la vida cotidiana, para descubrir en ellos a Dios-Amor que se manifiesta en nuestra historia.







CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 10 de febrero de 2010 (ZENIT.org).- En la víspera de la Jornada Mundial del Enfermo, que se celebra el 11
de febrero, memoria litúrgica de la Virgen de Lourdes, Benedicto XVI
encomendó a la Madre de Cristo a los enfermos del mundo.
Al despedirse de los peregrinos presentes en el Aula Pablo VI al final de
la audiencia del miércoles, el pontífice puso en manos de la ternura
maternal de María a todos los que viven momentos de sufrimiento en su
propio cuerpo, y a quienes les asisten.
"Encomendamos a la Virgen todos los enfermos y a quienes les ofrecen alivio en el
sufrimiento", afirmó en su saludo a los peregrinos polacos.
"Que nuestros hermanos que llevan la cruz de la enfermedad y del sufrimiento
encuentren el consuelo en la Cruz de Cristo", añadió, asegurándoles que
reza por ellos.
El Papa luego se dirigió, como es costumbre en él, a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados.
"Que María Inmaculada os ayude, queridos jóvenes, a manteneros siempre fieles en el compromiso de seguir a Cristo", afirmó.
"Que dirija su mirada llena de amor y de ternura a vosotros, queridos
enfermos, y os apoye para soportar con serenidad vuestra cruz, en unión
a la de Cristo", añadió.
"Que os ilumine, queridos recién casados, en el camino familiar que acabáis de comenzar, y lo llene de
bien y lo abra a la vida, don del Señor", concluyó.



Nos narra el Evangelio que, cuando José y María entraban en el templo para cumplir con estos dos ritos de la ley, Simeón, hombre justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel –o sea, la llegada del Mesías–, por una inspiración especial del Espíritu Santo, reconoció en ese pequeño Niño al Mesías enviado por Dios, al salvador y redentor del mundo. Lo tomó en sus brazos y pronunció aquella bellísima oración: “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos como luz: para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel”. Este hombre bueno había reconocido al Mesías en ese Niño indefenso y lo proclamaba ante el mundo como luz.
En casi todas las religiones de la historia se ha visto la luz como el símbolo de la divinidad y de la vida, y ha sido como una representación del mismo dios. Los mitos del antiguo Oriente abundan en esta simbología. Una antiquísima leyenda sumeria, recogida en el poema Enuma Elish, narra cómo el héroe Marduk tuvo que luchar encarnizadamente contra el dios caos, Tiamat, representado en forma de mostruo. Marduk lucha contra las tinieblas y, después de una batalla titánica, las vence y lleva a cabo, finalmente, la gran obra de la creación del hombre.

-Volver corriendo a ver al Niño, porque otra vez es Navidad.

Ocho de diciembre
Dios te salve, María suavísima, a quien tus santísimos padres trajeron al templo, y en tu tierna edad presentaron al Señor y ofrecieron a su servicio, para que en dejando los pechos de tu madre le hicieses sacrificio de ti misma, y como fruta temprana, fresca y cogida del árbol con su flor fueses mas gustosa y agradable a aquel Señor que es fruto de tu sagrado vientre. En el templo material entraste, y le santificaste e ilustraste para que fuese más glorioso que el que edificó el Rey Salomón, porque tú eres el templo vivo de Dios, y como un Sancta Sanctorum adonde no es lícito entrar sino al sumo Sacerdote según la orden de Melquisedec, y como la verdadera arca del Testamento en que está la urna del maná con que sustenta el cielo y la tierra. Aquí viviste y pasaste tu niñez, y fuiste modelo perfectísimo de santidad, y derramaste el olor suavísimo de todas las virtudes; y como alférez y Virgen de las vírgenes, te consagraste toda a Dios, y fuiste la primera que hizo voto de perpetua virginidad con alegre y determinada voluntad, abriendo camino con tu ejemplo a todas las vírgenes que después te han seguido y seguirán; y le guardaste tan perfectamente, que más parecías ángel sin cuerpo que doncella en carne mortal.